Me llamo Ana de la Osada, 38 años…ya más bien 39, y soy de Madrid. Estudié la carrera de Enfermería en la Universidad Autónoma (Escuela de Enfermería de La Paz) hace ya unos cuantos añitos, pero tengo la suerte de que me sigue gustando mucho mi profesión, cosa que no es siempre fácil que suceda.

La primera parte de mi carrera profesional estuvo centrada en Madrid, rodeada de tecnología en Unidades de Cuidados Intensivos. Sin embargo, en el año 2008 me fui en verano a Madagascar, a colaborar de manera voluntaria con una ONG pequeña, pero que hace grandes cosas, y fue ahí cuando me di cuenta de que el mundo humanitario me llamaba la atención.

A partir de ahí decidí prepararme para poder dedicarme a esto a nivel profesional, ampliando mi formación en Medicina Tropical y estudiando francés, lengua más que útil para poder trabajar en esta área, especialmente en África.

En el año 2011 empecé a trabajar con Médicos Sin Fronteras. Al principio estuve compaginando esta actividad con mi trabajo en el Hospital Niño Jesús. Desde el último año y medio, estoy con un permiso especial en el hospital, que me permite ir enlazando una misión con otra.

Hasta el momento he tenido la suerte de trabajar en varios proyectos de diversos países de África: Sudán del Sur, Níger, República Centroafricana y República Democrática del Congo.

Veremos cuál es el siguiente…

    • -¿Qué te hace salir de la comodidad de trabajar en un hospital para colaborar con las personas que más lo necesitan?

Supongo que el interés por aprender cosas nuevas y diferentes cada día, el conocer otras culturas y el ver el impacto directo que tiene nuestro trabajo sobre la población para la que trabajamos. Son varias de las cosas que te hacen olvidar las comodidades que se dejan en casa cuando se sale al terreno. Al final, aunque suene un poco a tópico, hay muchas cosas que son mucho más prescindibles de lo que nos pensamos y, una vez que no se tienen, no se echan tanto de menos.

    • – ¿Cómo ha sido tu día a día en el país en el que has trabajado como enfermera?

Pues quizás esto sea de las cosas que más difieren respecto a mi trabajo en el hospital en Madrid. No sólo por estar en un ambiente completamente diferente, sin tantísimos recursos y tecnología, sino también porque el supervisar un equipo de personal nacional, apoyarles y formarles para que la calidad de los cuidados sean adecuados, fue algo nuevo para mí al empezar con MSF. Pasé de tener un contacto directo con el paciente a gestionar un equipo, asegurar el equipamiento y material médico y a colaborar con otros miembros del equipo en tareas no directamente asistenciales, pero igualmente importantes para la correcta marcha de las actividades.

Juan Carlos Tomasi (Níger)Juan Carlos Tomasi (Níger)
    • -¿Dónde encuentras la fuerza para continuar ayudando? ¿Hay algo o alguien que te ayude a sobrellevar tu labor humanitaria?

Si te gusta lo que haces, si estás de acuerdo en cómo se hace y para quien se hace, es mucho más fácil encontrar la energía para seguir adelante, incluso si hay días más cansados o duros. Al final, no es mucho más diferente de lo que ocurre “en el mundo normal”, en donde a veces también las cosas son complicadas.
De todos modos, el poder mantener el contacto con la familia y amigos, así como apoyarte en los compañeros de equipo, son grandes aliados. Pasar buenos ratos, reír, bromear y desconectar del trabajo al final de la jornada, son algunos de los trucos que a mí mejor me funcionan.

    • -¿Podrías describir la situación en la que se encuentran las personas que acuden a tu consulta (sus necesidades, su estado de ánimo, cómo te aceptan, sus expectativas…)

Antes de nada, hay que recordar que Médicos Sin Fronteras somos una organización médico-humanitaria internacional, que intervenimos (en más de 400 proyectos en cerca de 70 países) ante el deterioro brusco de las condiciones médico-humanitarias de poblaciones afectadas por crisis que ponen en peligro su supervivencia o su salud, con especial atención de aquellas que no reciben asistencia, y que por lo tanto se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad.
En esta línea, los grupos en los que se centra nuestra asistencia son aquellos que han sido víctimas de conflictos armados, con intervenciones dirigidas a poblaciones cuya integridad está directamente amenazada por la violencia o que han tenido que desplazarse (voluntaria o forzosamente); víctimas de enfermedades endémicas y epidémicas, con actividades destinadas a reducir la mortalidad en casos recientes como el Ébola, pero también cólera, sarampión, fiebres hemorrágicas, VIH/sida…; víctimas de violencia social y personas excluidas de la atención sanitaria, a través de programas orientados a personas afectadas por políticas o prácticas que ponen su vida en peligro y las excluyen deliberadamente de los servicios de salud, como migrantes indocumentados o minorías étnicas; y por último, víctimas de desastres naturales, como recientemente ha ocurrido en Nepal, con respuestas de emergencia a los afectados por terremotos, inundaciones, tsunamis, etc.

    • – ¿Colabora el gobierno del país en el que has estado trabajando para facilitar vuestra labor?

No es algo que se pueda generalizar. Depende de la voluntad del Gobierno que haya en esos momentos en el país; y en el caso de que haya conflicto armado, también estará en función de la disposición de los grupos en conflicto para negociar y garantizar unas mínimas condiciones de seguridad para el trabajo del personal sanitario (precisamente éste está siendo uno de los principales desafíos en la actualidad de MSF, en muchas de las zonas donde tiene presencia). Lo que sí es cierto en todos los casos, incluso en los de catástrofes naturales como la que ha tenido recientemente lugar en Nepal, es que Médicos Sin Fronteras necesita la autorización del país para entrar a trabajar en el mismo. Sin ese requisito administrativo legal, no podríamos trabajar en ese contexto.
En segundo lugar está la puesta en marcha de los proyectos, que aunque en el caso de MSF son 100% nuestros, en muchos de ellos reforzamos infraestructuras ya existentes (como por ejemplo hospitales) para su mejora a nivel de gestión y medios; e incluso a veces son los propios Gobiernos los que nos llaman para hacer frente a epidemias, enfermedades… que su propio sistema sanitario no puede asumir. Por último está la relación de testimonio/denuncia. En líneas generales, MSF se abstiene de tomar parte en los conflictos armados o en el sistema político del país en el que interviene y, en este sentido, se adhiere al principio de neutralidad. Sin embargo, en algunos casos extremos, cuando somos testigos de violaciones masivas de los derechos humanos, la denuncia es el medio de acción para ayudar a las poblaciones asistidas por MSF. En estos casos, si persisten las violaciones, la asistencia por sí misma no resulta útil. Por esta razón MSF abandona en tales circunstancias la observación estricta del principio de neutralidad y hace uso de la palabra para movilizar las conciencias con la finalidad de que cesen los abusos y mejore la situación de la población.

Refugees in Upper Nile State South Sudan
    • – ¿Podrías hablarnos de alguna anécdota que te haya impactado en tu labor diaria y que quieras compartir con nosotros?

Pues no sabría elegir una anécdota en concreto, la verdad. Es difícil no sorprenderte cada día de lo difíciles que son algunas cosas que aparentemente para nosotros son muy sencillas: caminar más de tres horas con tu hijo en brazos para llegar al centro de salud más cercano, tener que huir de tu hogar por luchas armadas y que la mejor opción sea vivir en un campo de refugiados, la gran desigualdad de género hacia la mujer que se ve en no pocos países.
Todas estas cosas son algunas de las razones por las que Médicos Sin Fronteras trabajamos donde trabajamos. Como os podéis imaginar, razones que nos dan la energía para seguir adelante no nos faltan.

    • – ¿Qué les pedirías a los gobernantes para mejorar la situación sanitaria, fundamentalmente, en los países subdesarrollados?

El recorte de presupuesto en ayuda humanitaria está obligando a muchas organizaciones a no continuar con actividades dirigidas hacia las poblaciones más vulnerables. La sanidad, al igual que la educación, son derechos que hay que mimar y proteger. Verlos como una inversión y no como un gasto es fundamental.
El intentar mirar más allá, teniendo una perspectiva global de las cosas y no únicamente una visión parcial y cercana, es siempre un buen ejercicio. Las fronteras no son más que líneas trazadas en un mapa, pero que no deben de limitar a las personas ni ser un sistema de diferenciación entre los de un lado y los del otro.

    • -Un sueño para el mundo…

Que aprendamos de los errores cometidos y que no los volvamos a cometer. Por ahora no lo estamos consiguiendo…

    • – Y un sueño personal por cumplir sería:

En general ser feliz con lo que soy, con lo que hago y con quien tengo alrededor.

    • -Un libro o película que nos recomiendes para despertar conciencia social sería:

Uno de los libros que me has gustado mucho se es “Tres tazas de té”. No sé si despierta la conciencia social, pero seguro que disfrutareis de la lectura, que os transportará a las altas cumbres del Himalaya.
– Un lugar al que te gustaría volver:
Creo que elijo Madagascar, por todo lo que significó y lo mucho que me inspiró.
Un lugar al que llaman “La isla de los cuatro continentes”, por su gran variedad geográfica, de naturaleza y de gente maravillosa, no puede nunca defraudar.

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