Burgalesa nacida en 1992 y licenciada en Filosofía y Periodismo por la Universidad de Navarra es la autora de la novela filosófica “Cuarto de sol en el cielo” de lectura obligatoria para la preparación de la Prueba de Acceso a la Universidad.

    • ¿Cuándo eras pequeña soñabas con ser escritora, o tenías otros sueños?

Sí, soñaba con escribir. También con pintar y con esculpir. El arte siempre ha estado muy presente en mi vida, de una manera o de otra. La belleza tiene muchas facetas, ¿verdad? Las diferentes artes son solo caras de un mismo prisma. Sigo pintando y haciendo pequeñas figuras de arcilla de vez en cuando, pero la escritura es mi primera pasión. A los catorce decidí que quería dedicarle mi vida. Las palabras tienen algo que no encuentro en ninguna otra parte. Tengo una afinidad asombrosa con ellas. Me resulta muy liberador expresar, construir, hilar historias con palabras. El lenguaje es el material con el que más a gusto me siento. Así que la respuesta es sí, desde pequeña soñaba con ser escritora.

    • ¿Hubo alguien o algo que te impulsara a escribir?

He tenido muchos maestros. Los más sabios son aquellos que dedicaron tantas horas de sus vidas a escribir y que después me legaron sus novelas. Hablo de Tolstói, de Mishima, de Nabokov, de Truman Capote. Para mí son amigos ausentes que me hablan desde la distancia más distancia de todas. A la vez, mis maestros más queridos han sido mis padres, mi familia y por supuesto mis profesores. Les he puesto muchos folios en las manos cuando necesitaba que alguien me leyese y me dijese: “Esto me gusta, esto no. Esto te ha quedado fatal. Esto me convence más”. Sin sus lectores, un escritor no es nada.

Beatriz Sánchez en Nueva York
    • ¿De dónde surgen todas las ideas y los personajes que aparecen en tus novelas y relatos?

De mi propia vida. De lo que observo y de lo que he vivido. Raras veces de lo que leo, por no decir nunca. Leer me enseña a narrar, a construir, a jugar con la estructura del relato. Pero pienso que solo la vida puede darte el material necesario para escribir. Has de tener algo que decir antes de ponerte a escribirlo. A veces no es algo consciente, no tiene por qué ser un plan definido, unas cuestiones concretas que hayamos pensado muchas veces y que sepamos que están ahí. A veces sí, o a veces (las mejores) simplemente basta con que llevemos dentro una serie de preocupaciones e interrogantes recurrentes. De manera inevitable, esas dudas interiores terminan saliendo cuando escribimos un texto. Aparecen, una y otra vez, en las historias que escribimos. Es algo que he comprobado en mi propia experiencia y algo que les pasa a casi todos los escritores, por lo que he observado.
Entonces, no voy por la calle buscando personajes o ideas como lo haría un cazador de recompensas. Simplemente voy fijándome en todo, es algo que hago desde siempre, no lo puedo evitar. Pienso sobre las cosas, intento entender a las personas. Intento entender la vida, al final. Y de ahí surgen preguntas y conflictos que me preocupan. Sobre eso escribo. Y escribirlo no es sino una manera de intentar dar respuesta a esos problemas. O, al menos, apartar la niebla que suele envolverlos y mirarlos con más claridad.

    • ¿Qué inspira más, el amor o el sufrimiento?

Buenísima pregunta. Me la seguiré planteando durante mucho tiempo. Si tuviera que responder ahora, diría que el amor y el sufrimiento son lo mismo. Inspiran de la misma manera porque no entiendo el uno sin el otro.

    • De todo lo que has escrito, ¿de qué te sientes más orgullosa? ¿qué libro te gustaría escribir?

Me siento orgullosa de Cuarto de sol en el cielo, porque ha acercado la filosofía a muchos estudiantes y les ha despertado el gusto por Platón. Pero esa novela se publicó hace cinco años y he cambiado mucho desde entonces. Ahora escribo completamente diferente, aunque los temas que me preocupan siguen siendo los mismos (para mi sorpresa). Desde que Cuarto de sol en el cielo se publicó, he escrito relatos cortos, poesía y varias novelas más. De lo que más orgullosa me siento es, probablemente, de mi última novela, titulada El sembrador. Es una historia de vida real protagonizada por un pintor seguidor de Van Gogh. Todavía está en corrección y no puedo decir mucho más, porque no sé si llegará a ver la luz. Pero lo que sí tengo claro es que esa historia la contaré muchas veces. No sé cuánto tiempo falta hasta dar con la manera idónea de contarla, la más madura, la más respetuosa con la historia y los personajes. A veces me gustaría crecer más rápido para entender más cosas sobre las personas y sus motivaciones. De esa manera no sería parcial contando mis historias, no juzgaría como narradora. Por el momento, El sembrador me llena de orgullo. Pero no tengo claro que yo esté a la altura de la historia. Quizá aún le falten unos años para convertirse en la gran novela que estoy segura que va a llegar a ser.

Beatriz SánchezFotografía: Ingrid Ribas
    • El Club literario Divelas que pusiste en marcha en 2013, en Pamplona pretende que sus miembros se reúnan semanalmente en una cafetería para conversar en buena compañía sobre distintos libros como El guardián entre el centeno, El señor de las moscas, Anna Karenina… Recomiéndanos un libro para leer en EPO, otro para ESO, otro en Bachillerato, y, finalmente, otro para la vida adulta.

¡Me encanta recomendar libros!
Para EPO: Las crónicas de Narnia, de C. S. Lewis.
Para ESO: El guardián entre el centeno, de Salinger.
Para Bachillerato: Tokio Blues, de Haruki Murakami.
Para adultos: El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. (Sí, para adultos).

    • En 2014 lideraste un proyecto de fin de grado: Koa Surf Magazine, una revista de historias de surf para iPad Junto a doce chicas más. ¿Son el deporte y la lectura una buena combinación?

¡Por supuesto! Esta revista se puede descargar de manera gratuita desde AppStore. Podéis ver los vídeos, reportajes y animaciones que desarrollamos para el primer número. Fue divertidísimo. Estuvimos casi ocho meses pensando cómo iba a ser nuestra publicación y haciendo viajecitos a Mundaka, Bakio y San Sebastián. Nos metimos de lleno en el mundo de las playas, el salitre y los neoprenos. El surf ha sido un descubrimiento maravilloso para mí.
En mi vida en general, me considero una persona muy deportista. Además de surf ocasional, corro varias veces por semana y hago natación. Me encanta calzarme las zapatillas y recorrer parques o, si estoy en una ciudad pequeña, los bosques limítrofes. El cloro también es lo mío. El mar me sigue dando un poco de miedo, pero en la piscina me lo paso estupendamente. El ejercicio físico me ayuda a despejarme y a volver un poco a la realidad cuando la cabeza se me ha ido demasiado lejos. También hay que ser normal y tener en tu vida momentos para el esfuerzo corporal. A mí es algo que creo que me viene muy bien. Si estuviese todo el día metida en el mundo de la literatura y la filosofía, correría el peligro de alejarme de la realidad. Eso no sería bueno. Ya he podido comprobarlo. Así que ante todo pienso que cosas como irse a correr algún día, coger olas con una tabla y salir de fiesta con amigos son imprescindibles para ser una persona normal, para empaparse de realidad, para, simplemente, vivir.

    • ¿Son las redes sociales útiles en tu vida cotidiana?

Muchísimo. Casi diría que son imprescindibles. ¿Para quién no lo son hoy en día? Yo soy más de Facebook y de Pinterest. Twitter lo uso para leer más que para twitear. No tengo Instagram. Hay que usarlas con moderación, por supuesto, también tienen sus peligros. Pero he de reconocer que para mí son una herramienta básica. Es más, a modo de confidencia, tengo entre manos el proyecto de una nueva novela que tiene mucho que ver con Internet y las redes sociales. Pienso que Facebook no solo ha traído un nuevo modo de relacionarnos (o de mantener una relación), sino también un nuevo modo de contar. Veo que la tecnología ha traído un terreno virgen para la literatura. Ahí es donde entra el escritor. Lo que pasa es que muchos no se atreven a intentarlo. La mayoría sigue muy anclados en el papel y en los modos tradicionales de narrar. Yo quiero experimentar algo nuevo.

Beatriz Sánchez
    • ¿Ves algún riesgo en el triunfo de la tecnología?

Claro, toda herramienta tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La herramienta no es mala en sí misma, todo depende de cómo la utilicemos. La palabra clave es privacidad. Hoy en día, un gobierno o una corporación puede saberlo todo sobre nosotros. Nuestro historial de búsquedas, a qué hemos dado a like y a qué no, qué lugares del mundo hemos visitado, los mensajes que enviamos por Whatsapp, e incluso llevamos un geolocalizador en el móvil. Pero no nos importa, porque tenemos acceso a una fuente infinita de información y entretenimiento, que es Internet. Hay una gran lista de novelas distópicas que avisan de los riesgos de la tecnología. Brave New World (Un mundo feliz), de Aldous Huxley, es la más paradigmática. También recomiendo Black Mirror, una miniserie financiada por la BBC que muestra en tres capítulos lo horrible que puede llegar a ser nuestra vida si la tecnología se nos va de las manos.

    • Tu escritor favorito es…

Haruki Murakami y Hermann Hesse. Sus libros han cambiado literalmente mi vida. De Murakami ya he recomendado Tokio Blues. También es magistral Kafka en la orilla. Es de mucha peor calidad, en mi opinión, esa trilogía que se vendió tanto, 1Q84.
De Hermann Hesse, El lobo estepario me pone los pelos de punta cada vez que lo leo. También Siddhartha o Demian.

    • ¿Qué libro estás leyendo ahora?

Las confesiones, de San Agustín. Lo alterno con los relatos breves de Las mil y una noches.

    • ¿Cómo se supera “el folio en blanco”, la falta de inspiración?

Escribiendo. Lo que sea. ¡Esto mismo! Lo primero que se te pase por la cabeza.

Beatriz Sánchez leyendo a Neruda
    • ¿Qué haces, o te gustaría hacer en tu tiempo libre?

Es que para mí todo es tiempo libre. Todo lo que hago intento hacerlo con libertad, disfrutándolo, volcándome en cada tarea. Incluso las llamadas “obligaciones” como estudiar o ir al trabajo cada mañana son actos libres, ¿no? Para mí es cuestión de mirarlo con ojos nuevos y no distinguir de esa manera entre obligaciones y tiempo libre.
Pero si te refieres a lo que la gente suele llamar tiempo libre, diría que corro, hago natación, tomo cerveza con mis amigos y paseo por la ciudad observando a las personas que se cruzan conmigo.

    • De todos los países en los que has estado elige tres paisajes inolvidables en los que inspirarte para escribir tus historias.

De Finlandia, Helsinki. Escribiría una historia de silencio y conflictos internos.
De Perú, Cuzco. Yo iba en el vagón de cola de un ferrocarril descubierto. Era plena tarde y el sol se clavaba en la piel como un cuchillo incandescente. A un lado de las vías se abrían los campos de yuca y dos niños que trabajaban entre la tierra levantaron la cabeza para mirarme. No sé qué fue lo que vi en ellos, pero esa mirada se me clavó en el corazón.
Y por último, de Nueva York, el distrito de Queens. Salí de casa sin llaves y empecé a caminar cruzando unas obras. Me puse a pensar en mis cosas y me despisté. Cuando quise darme cuenta, había pasado casi una hora y, a mis espaldas, las obras se habían movido y era imposible regresar. No llevaba dinero ni móvil. Estuve dando vueltas más de dos horas, totalmente perdida. Empecé a asustarme de verdad cuando caminaba más y más y no reconocía ninguna calle. Perderse en Nueva York sin nada en el bolsillo no es como perderse en Tardajos. Se me ocurrió pedir ayuda a una mujer junto a la calzada. Cuando me acerqué a ella me di cuenta de que era una mendiga y estaba recogiendo latas usadas y metiéndolas en una bolsa de plástico. Si reúnes cien latas vacías de Sprite o Coca-Cola y las llevas a un Citibank, te dan dos billetes de un dólar. La pobre mujer debió de verme tan desesperada que me puso inmediatamente a trabajar, hasta alcanzar las cien latas. Recogimos todas las que encontramos a lo largo de la acera, cerró la bolsa con fuerza y fue a canjearlas en el banco más cercano. Por el aspecto que tenía, a ella no le sobraba el dinero, pero utilizó sus nuevos dólares para comprarme un billete de metro. Gracias a ella pude volver a casa.

    • De tu reciente experiencia académica de investigación en Oxford destacarías…

La biblioteca Bodleian con sus cúpulas y túneles subterráneos y el precioso bosque junto al Támesis, frente al Trinity College.

    • Me gustan “las Letras” pero me obligan a coger una “carrera de Ciencias”. Dame algún argumento para convencer a mis padres de que tengo que hacer lo que más me gusta.

Papá, mamá, entiendo que queráis que me gane la vida en el futuro. Pero, veréis. El mercado de trabajo está cambiando. Ahora ya nadie me asegura que con una carrera de Derecho o con una Ingeniería vaya a conseguir un trabajo nada más salir de la carrera. Ahora las reglas del juego han cambiado. Se trata más de crearse uno mismo el puesto de trabajo, que esperar a que le contraten. El mercado es volátil, impredecible. Hoy tengo un trabajo y mañana tendré otro, el siguiente quizá me lo invente yo mismo. Hoy los trabajadores son más emprendedores que asalariados. Entonces, si me muero por estudiar [X carrera de letras], ¿cómo no voy a hacerlo? Si es algo que me apasiona y en lo que no me importará estudiar con ganas durante el curso. Llegaré a ser el mejor en eso, pero no en otra carrera en la que no me sienta a gusto. ¿Qué es preferible, ser un ingeniero mediocre o un historiador excelente? Más todavía cuando, hoy, ninguna carrera de ciencias asegure un trabajo.

La sociedad necesita más que nunca personas que piensen. Personas que creen, que imaginen formas nuevas de hacer las cosas. La ciencia y la tecnología ya tienen su espacio. Ahora necesitamos mentes despiertas, salvajes, atrevidas, que se atrevan a coger el timón de la nave. Las ciencias explican el cómo. Pero solo las letras responden al por qué, hacia dónde, hasta cuándo. ¿Hacia dónde nos dirigimos, si solo tenemos un barco excepcionalmente bien construido, pero nos faltan hombres que piensen hacia dónde hay que viajar?

Beatriz Sánchez en los acantilados de Irlanda
    • Soy ministro de Educación. Dame un argumento para convencerme de que no debo relegar la Filosofía a un segundo plano en los programas educativos.

Los argumentos son para personas honestas que quieren pensar y que están dispuestas a admitir que se han equivocado. Cuando no hay nada de eso, los argumentos no sirven. Digo esto porque la filosofía y la política reales, prácticas, han estado siempre enfrentadas. Ha sido así desde el nacimiento de la filosofía Occidental, con Sócrates y Platón. Así que dudo bastante que un argumento racional vaya a convencer a ningún político. Todos nos quedaríamos de piedra si lo hiciera. Entre otras cosas, porque ya es demostrable racionalmente que la desaparición de la filosofía de los planes de estudio es antidemocrático. Y si aun así, se le da un empujón y se le deja a un lado, porque no tiene resultados prácticos. Porque la filosofía no produce ruedas de coche, ni puertas, ni camiones. ¡Ay, si solo se mira lo material! Hay políticos que todavía no han aprendido lo que el hombre descubrió hace más de dos mil años: que lo más importante no se capta con los ojos, no se traduce en números, no se puede tocar. Históricamente, la represión de la filosofía ha coincidido con periodos de tiranía política. Antes hablábamos del peligro de la privacidad en Internet y de cómo los gobiernos pueden llegar a controlarlo todo. En un mundo como el nuestro, quizá más que en cualquier otro periodo histórico, nos hace falta la filosofía. Como un flotador, como un chaleco salvavidas sin el cual nos hundiremos. No lo digo como filósofa, por defender a los míos, sino porque cualquiera que estudie la historia de Occidente y las grandes obras del pensamiento, puede comprobarlo. Ahora bien, ¿cuántos de nuestros políticos habrán pasado el tiempo suficiente en las bibliotecas, como para enterarse de esto? Habrá más de uno que no las haya pisado en su vida, demasiado ocupado en hacer contactos con hombres poderosos, como para detenerse un momento y pensar para qué.

    • ¿Cuál es tu filósofo favorito y por qué?

Me quedo con dos. El primero, Platón. Su teoría del mundo de las ideas y sus conceptos de verdad, amor y bien llevan dando forma a nuestra manera de pensar desde hace casi veinticinco siglos. Además, para mí es uno de los filósofos que más se acerca a la literatura, aunque él rechazase expresamente a los escritores (poetas). Sus obras no son tratados de filosofía, sino diálogos entre varios personajes. Paradójicamente, Platón es el mejor de los filósofos escritores.

El segundo, Jacques Derrida. Su teoría examina el concepto de lenguaje y cómo la manera en que hablamos determina lo que pensamos y, al final, lo que somos. Derrida es un pensador francés muy reciente que, además, dialoga sobre todo con Platón. Las ideas de Derrida apuntan a los mitos platónicos y hablan continuamente de la escritura. Es más, en Estados Unidos se estudia a Derrida como teórico literario más que como filósofo. Por lo que podéis ver, me inclino por los pensadores que examinan la literatura y la escritura. Es más, mi Trabajo de Fin de Grado trata sobre filosofía y literatura en Iris Murdoch, una filósofa y escritora irlandesa que, en un punto de su vida, dejó de escribir libros y filosofía y se puso a escribir novelas. Eso es lo que más me interesa. Cómo filosofar a través de la literatura. O sea, como plantear y resolver problemas filosóficos con la literatura.

    • Si pudieras estudiar una tercera carrera (grado) sería…

Filología Hispánica o Historia.

    • ¿Qué cosas te arrancan una sonrisa?

Las abuelas en la cola del supermercado, los chistes malos, pensar en personas a las que quiero, pintar y hablarme a mí misma frente al espejo del baño.

Beatriz Sánchez practicando surf
    • Dentro de diez años te ves…

Es que no me veo. Tengo un serio problema con proyectarme a mí misma en el futuro. Sé que parece eludir la pregunta, pero realmente siempre pienso que mi vida se acaba la semana que viene. No es algo macabro ni nada parecido, tan solo algo que tengo muy asumido. Siempre que me preguntan si me pienso casar, si voy a tener hijos o que cómo va a ser mi casa, se me queda cara de póker. No tengo ni idea. Hay algo en mi cabeza que se niega a planteárselo. Pero, si tuviera que responder algo, diría que dentro de diez años me veo tal y como estoy ahora: escribiendo. Quizá con más lectores, quizá con menos. No lo sé. Tampoco me preocupa en exceso. Yo soy feliz rodeada de personas con las que poder hablar, aprender, momentos de paz para leer y noches para escribir.

    • ¿Escribirás algún día tu autobiografía?

No creo. Para eso hay que saber quién es uno mismo. Y dudo mucho que llegue a saberlo alguna vez.

    • ¿Cómo sería para ti el profesor ideal?

Mi profesor ideal es aquel que no inyecta información en vena, sino que despierta el interés de sus alumnos. Es aquel que enseña a mirar, a preguntarse, a sorprenderse por las cosas que vemos todos los días y a las que hemos dejado de prestar atención. La pura información, el contenido de los temarios, es algo que se olvida. Pasados los años no recordaremos la fecha de tal batalla, el nombre de aquel artista o cómo se hacía una integral. Pero sí la manera en que aquel profesor leía poesía y se emocionaba, o se empeñaba en que sus alumnos expresasen sus pensamientos en voz alta. Para mí el profesor ideal no es quien recita un manual en voz alta, para que sus alumnos copien. Sí lo es aquel que lo recita, lo cierra y no avanza la clase hasta que sus alumnos digan qué les ha parecido aquello y por qué.

    • ¿Te animas a escribir la primera línea de un relato para que nosotros le demos vida?

Me parece una idea estupenda. Allá va: “Al mirar bajo la cama, Julieta comprendió que no hacían falta cuatro patas para que las cosas se sostuviesen por sí solas”.

    • Danos un consejo para la vida ahora que comenzamos a construir nuestro futuro…

Uno muy breve pero tremendamente complicado: no os conforméis.

Bodleian library - Oxford

2 thoughts on “Entrevista a BEATRIZ SÁNCHEZ TAJADURA. Escritora, filósofa y periodista.

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