Enrique Lastra es un oncólogo burgalés perteneciente al cuadro médico del Hospital Universitario de Burgos coordinador junto con el doctor Sánchez Escribano de un proyecto que tiene como objetivo tratar de encontrar alternativas a pacientes de cáncer que no tienen una buena opción de tratamiento.

    • Cuando eras pequeño, ¿te imaginabas que llegarías a ser médico?

La verdad es que no fui un niño con una clara vocación de médico. Sí era un soñador: en todas las profesiones veía algo atractivo y fascinante. También me gustaba buscar respuestas, entretenerme en pensar, y hacer nuevas preguntas.
Durante los veranos de infancia en mi pueblo, pude comprobar el alivio de los animales cuando sanaban de una enfermedad. Así que en la adolescencia me cautivó la idea de ser veterinario y trabajar en contacto con la naturaleza.
Llegado el momento de entrar en la universidad me dije: ¿por qué no intentar curar a personas?, ¿por qué no disfrutar estudiando una carrera completa, que abarca tantos aspectos del hombre? Acepté mi propio desafío y escogí ser médico casi como una misión.

    • ¿Qué cosas o circunstancias influyeron en tu decisión de dedicar tu vida a la lucha contra el cáncer?

Más bien fue una persona quien determinó que fuera oncólogo: el Dr. Gimeno Alfós. Fue profesor de Patología Médica en la universidad y nos impartió clases de oncología. Nos mostró el tratamiento contra el cáncer como una labor de ingenio para conseguir estratégicamente acorralar la enfermedad. Era muy divertido estudiar oncología con esta perspectiva.
En su labor docente nos transmitía la emoción con la que vivía su trabajo de oncólogo radioterapeuta. Ponía motes a los tumores. A la neoplasia de testículo, como se curaba con los tratamientos, la llamaba “el mirlo blanco”. Al melanoma, por su agresividad y el color de la piel, lo nombraba “la bestia parda” poniendo voz de terror. Cada vez que hablaba de un tipo de cáncer se acordaba de algún paciente que lo había sufrido. Se reía de la enfermedad como un niño cuando el enfermo la había superado. Se le humedecían los ojos, y se le quebraba la voz, con profundo lamento, cuando las cosas habían salido mal.
Si una profesión podía agitar tus vivencias con tanta pasión, y llevar tu intelecto hasta el límite para combatirla… ¡merecía la pena ejercerla!: corazón y mente al servicio de una gran reto.

    • ¿No es tu profesión particularmente dura por tratar diariamente con el dolor ¿Se aprende algo de situaciones tan duras?

El sufrimiento del paciente oncológico, de sus familiares y amigos, es devastador. El dolor no solo afecta a la esfera física, sino también a la emocional y afectiva, la espiritual, la familiar, la social, la lúdica, la profesional… La persona y su entorno, en su totalidad, quedan afectados y las dinámicas vitales habituales quedan hechas añicos. Es una realidad de muchas enfermedades, más aún del cáncer.
Nadie queda impasible ante esto. Sí, duele dentro… es inevitable. Pero este dolor no paraliza, te activa, te despierta de forma inmediata, te estimula, te provoca una reacción… Como digo, no quedas impasible emocionalmente, ni mucho menos profesionalmente. Inmediatamente sabes que te has formado para intentar revertir al máximo esta situación. Confías en la ciencia, en tus cualidades, en el equipo de profesionales, y te pones a trabajar. El enfermo y lo que le rodea embarcan con el mismo objetivo, y todos remamos y soplamos en la misma dirección para llevar el barco a puerto seguro. Desde ese momento el dolor empieza a ser el enemigo a desterrar.
El ejemplo de cada enfermo nos enseña hasta dónde llega la naturaleza humana para afrontar el cáncer. Hay algunas realidades extremas que jamás habríamos imaginado: el paciente nunca deja de sorprendernos. La libertad del hombre se hace patente hasta en las múltiples formas de luchar. Pero casi siempre hay un objetivo común: vivir. Y esta es la gran lección para todos: aprender a vivir… incluyendo la muerte como etapa final del ciclo vital. La escala de valores se replantea, los planes se reorganizan, la relación con el mundo cambia, el tiempo adquiere una nueva dimensión… y una idea común aflora: ¡aprecia la vida y… vive!

Enrique Lastra en su despacho
    • ¿Cómo se le dice a un paciente que tiene cáncer?

Comunicando “la verdad soportable” con respeto, sensibilidad y realismo. Dicho así parece fácil, pero la relación con el enfermo oncológico la constituyen momentos mágicos en los que hay que mezclar estos ingredientes a las dosis adecuadas. La comunicación es un proceso continuo, en el que la información se va dando gradualmente.
Respeto: respetar la autonomía del enfermo. Informar solo al enfermo y a aquellas personas a quienes el paciente nos autorice. Respetar el derecho del enfermo a ser informado y a no ser informado. Dar la información que el enfermo desee conocer sobre el diagnóstico (nombre y apellidos de su cáncer), pronóstico (cómo va a evolucionar su enfermedad, cómo va a condicionar su calidad de vida, cuánto va a vivir) y tratamiento (qué objetivo tiene el tratamiento –curar, mejorar o paliar-, qué probabilidad de éxito hay para dicho objetivo, qué toxicidad tienen las terapias).
Sensibilidad: saber reconocer la situación anímica, emocional e intelectual del paciente, aproximarte y ser cercano al enfermo. Solo así podrás transmitir “la verdad soportable”, aquella que realmente el paciente podrá ir integrando en su vida paulatinamente, de una forma positiva, manteniendo su autonomía, y la capacidad para tomar decisiones en favor de su vida. Sensibilidad para percibir las reacciones que “la verdad soportable” va a provocar en el paciente: primero depresión, luego negación y finalmente superación. La sensibilidad permite darte cuenta de si el enfermo va a ser capaz de llegar a esta última etapa. Si no fuera así, quizás hay que replantearse el dar la información, aunque el enfermo haya expresado su deseo de conocerla.
Realismo: “la verdad soportable” siempre es verdad. Nunca es mentira. Un engaño es deslealtad al enfermo, no es honesto. Aunque el engaño pueda suponer un desahogo inicial para el enfermo, al final es perjudicial. El paciente se da cuenta de que la evolución no es como le habían dicho, y se añade un daño psicológico: se siente defraudado por su médico y por su entorno –colaborador habitual del engaño-. Se acaba en un surrealista y ridículo caos.

    • ¿Qué cualidades debería tener un oncólogo?

Sobre todo que realmente te guste y te realice ser oncólogo. Que te llene ayudar al enfermo con cáncer.
En segundo lugar, ser humano. No solo con el paciente en los términos de sensibilidad, proximidad y empatía mencionados anteriormente. También humano con uno mismo. Porque la oncología no es una ciencia exacta. El cáncer nos va a ganar la partida muchas veces, y hay que saber aceptarlo para aprender y seguir avanzando con ánimo.
Por tanto, es importante mantener una capacidad de trabajo con tesón y esfuerzo. Tener siempre una curiosidad e inquietud científica, conservar el gusto por seguir estudiando los avances en el conocimiento del cáncer para poder aplicarlos a nuestros pacientes.

    • ¿En qué o en quién te apoyas cuando fallan las fuerzas?

El cansancio en cualquier ámbito de la persona es el gran enemigo para toda actividad. Siempre llega. Es importante reconocerlo y solucionarlo. En mi caso, busco el descanso en la familia, con mi mujer y mis hijos. El regazo y el calor del hogar siempre son un apoyo. Sentirte querido da energía para transmitir ese cariño en todo lo que haces.
La perspectiva más amplia de otras personas también es importante cuando flaqueas. Si hay ocasión, no se puede desperdiciar una buena charla con un gran amigo.
El ejercicio y el deporte siempre me ayudan a recuperar fuerzas. El cuerpo se activa físicamente y la mente se despeja. Entra aire fresco en tus pulmones y en tu cabeza. El apetito mejora para renovar energía. El buen humor reaparece. El sueño nocturno o una buena siesta se hacen mucho más reparadores.

    • ¿Por qué es tan difícil curar ciertos tipos de cánceres? ¿Son los tumores “inmortales”?

Efectivamente hay tumores que están biológicamente muy preparados para ser “inmortales” y estos son los realmente difíciles de tratar.
En general, el cáncer es una enfermedad genéticamente compleja. Determinadas mutaciones genéticas en una célula tumoral hacen que siga unas rutas de proliferación y extensión descontroladas. Los tratamientos clásicos de quimioterapia que impiden la división celular, afectan también a las células sanas, lo que limita su capacidad para acabar con muchos tumores. Las nuevas terapias van dirigidas a cortar alguna o varias de las rutas de supervivencia que tienen las células tumorales. Pero en algunos cánceres, existen muchas de estas rutas, o van apareciendo debido a nuevas mutaciones genéticas, con lo que la célula tumoral consigue escapar al tratamiento y sobrevivir.
Además, el tumor se puede rodear de un fortín inexpugnable. La circulación sanguínea en la región se organiza para el crecimiento de la neoplasia. Otras células y tejidos forman un entramado que dificulta la llegada de los tratamientos.
También, en el entorno del tumor se generan mecanismos para debilitar la respuesta inmunológica o defensiva del paciente contra el cáncer.
Por si no fuera suficiente, en las neoplasias existe una población de células que son la “cantera” del cáncer: son las “células madre tumorales”. Si ya es difícil acabar con las células malignas, estas células madre tumorales son habitualmente resistentes a los tratamientos antineoplásicos. Pueden entrar en acción en cualquier momento y constituir una fuente inagotable de la que siga emanando el cáncer.
A pesar de este panorama, los avances científicos en los últimos años para ir venciendo estos mecanismos de inmortalidad son alentadores.

    • ¿Qué pesa más en la aparición de un cáncer, la genética o los hábitos de vida?

Como he mencionado, el cáncer es una enfermedad genéticamente compleja. Es decir, el cáncer siempre es genético. Siempre se debe a mutaciones genéticas que favorecen la proliferación celular descontrolada y la pérdida de la función celular.
Estas mutaciones genéticas se producen en ocasiones por azar, pero habitualmente por agentes físicos o químicos, que dañan el material genético (la molécula de DNA de una célula). Si los mecanismos de reparación del DNA de la célula no consiguen restaurar el daño, se instaura la mutación genética.
Si esta mutación se produce en genes importantes, implicados en controlar la función de la célula, su división, su crecimiento, su diferenciación, sus mecanismos de reparación, su muerte celular programada… da comienzo la génesis del cáncer.
Estos agentes cancerígenos están presentes en el entorno vital del enfermo y son, en ocasiones, pero no siempre, perceptibles y asociados a un hábito de vida: sustancias nocivas del tabaco y el alcohol, exposición a radiaciones ionizantes, a determinadas radiaciones solares…
Solo en el 5%-10% de los tumores existen mutaciones genéticas que predisponen a cáncer y que son transmitidas hereditariamente.

    • ¿Es cierto que el optimismo ayuda muchísimo en la recuperación de ciertas enfermedades?

En el caso del cáncer no hay nada científicamente demostrado. Pero qué duda cabe de que el optimismo es una gran herramienta afectiva para afrontar y sobrellevar positivamente los problemas.
Cuando no se puede curar el cáncer, el objetivo final del tratamiento es que el paciente se encuentre cada vez mejor y pueda realizar su vida diaria con la mayor normalidad. Si el enfermo mantiene una actitud optimista, al menos su estado anímico permanece conservado.
Lo que sí es cierto es que el desarrollo científico invita al optimismo en la lucha contra el cáncer.

    • ¿En qué consiste la investigación que llevas a cabo con tu equipo de oncología médica del HUBU?

Nuestro proyecto de investigación pretende beneficiar a enfermos con cáncer en fase avanzada y sin una opción buena de tratamiento, bien porque se hayan agotado las alternativas terapéuticas y el cáncer se haya hecho resistente a los diferentes tratamientos administrados, o porque sea un tumor poco frecuente y no se hayan desarrollado tratamientos para el mismo. Son pacientes a los que no vamos a poder curar y a quienes pretendemos mejorar la enfermedad para que puedan llevar una vida adecuada.
El objetivo del estudio consiste en desarrollar una estrategia para comprobar en cuántos de estos pacientes conseguimos un fármaco y en qué porcentaje de los enfermos el fármaco logra que el tumor se reduzca.
La estrategia se basa en dos aspectos novedosos debidos al avance de la biotecnología:
– Primero: analizar en el material genético del tumor un panel de 69 genes implicados en el desarrollo del cáncer y ver qué alteraciones genómicas encontramos. Entre ellas, se determinarán aquellas que son más importantes para el crecimiento del cáncer y que además son frecuentes en el tumor. Estas alteraciones genómicas serán las escogidas, de forma que se considerarán las dianas frente a las que tengamos que dirigir el tratamiento. Esta es la llamada oncología de precisión.
– Segundo: el material genético del tumor se obtendrá mediante una simple extracción de sangre, a partir del DNA que el cáncer vierte a la circulación sanguínea. Es lo que se denomina biopsia líquida. Es decir, no será preciso obtener una biopsia de aquellos órganos donde asiente el cáncer, que es un procedimiento más agresivo para el paciente.
Una vez tengamos seleccionada la alteración genómica comienza la localización del fármaco apropiado contra dicha diana y la consecución de los permisos necesarios para su empleo si fueran necesarios. Esta búsqueda se realiza entre fármacos que pueden estar ya comercializados para otros tumores que presentan ese tipo de alteraciones genómicas, o fármacos que están en desarrollo clínico en otros centros médicos para dichas alteraciones, o fármacos desarrollados pero aún no comercializados.
El desarrollo clínico del ensayo contempla dos fases. En la primera se incluirán 18 pacientes y, si se consigue que en uno de ellos mejore la enfermedad, se pasaría a una segunda fase con la inclusión de 14 enfermos más. Si se logra que en cuatro o más pacientes mejore la enfermedad, el resultado del estudio se considerará positivo.
Con un resultado positivo del estudio, se concluirá que la oncología de precisión mediante una técnica no agresiva como la biopsia líquida, es una estrategia válida, y que merece la pena seguir desarrollando (con estudios más amplios, que incluyan un mayor número de pacientes, incluso en fases más iniciales del cáncer cuando el objetivo del tratamiento es la curación).

En una carrera
    • ¿Qué opina de la sanidad pública? ¿Ventajas y desventajas?

La sanidad pública se rige por los principios de equidad y universalidad para que toda la población tenga acceso a las prestaciones sanitarias de forma igualitaria. Este logro socio-sanitario se ha forjado a lo largo de muchos años, y es un bien de gran valor que debemos preservar entre todos para seguir garantizando el derecho a la salud.
El problema es la sostenibilidad de la sanidad pública. Quizás la gestión del sistema sanitario tenga que mejorar, ser más cercana a los profesionales que conocen las necesidades de los enfermos, con parámetros más actualizados de calidad y de coste-eficiencia (no es posible que los servicios menos eficientes consuman muchos más recursos sin que haya cambios), con nuevas fórmulas para financiación económica, con menos administración y burocracia, pero mayor agilidad y libertad para incorporar avances científicos, con adecuadas negociaciones en el precio de los medicamentos como mejor herramienta para controlar el gasto farmacéutico.
También es importante avanzar en el reconocimiento del mérito profesional, como estímulo adecuado para el crecimiento y desarrollo de los trabajadores.

    • ¿Somos los españoles buenos investigadores?

Hay investigadores españoles de prestigio y con reconocimiento internacional. Pero el investigador español que logra hacer carrera en este campo, ha tenido que vencer muchas dificultades en el camino.
Algo falla cuando en tiempos de crisis cierran centros de investigación o cuando cada cierto tiempo hay que recurrir al rescate de la fuga de cerebros. La inversión en investigación y desarrollo debe mantenerse siempre, si no incrementarse, dado que a largo plazo es uno de los motores más importantes para el desarrollo de un país.
Pienso que la formación académica en las universidades es de gran calidad, pero la producción y formación investigadora no están al mismo nivel. Es fundamental que los programas curriculares promuevan la investigación, y que desde la universidad surjan perfiles profesionales en los que destaque la faceta investigadora.
La estructura y funcionamiento de muchos hospitales no facilita la investigación clínica. Tampoco se reconoce adecuadamente la labor investigadora clínica dentro de los centros sanitarios. La gestión de los hospitales debería potenciar la investigación, docencia y formación en mucha mayor medida.

    • ¿Qué opinas de la situación de la ciencia en España? ¿Crees que está menos valorada que en otros países?

Quizás es cierto que la sociedad española no valora suficientemente la ciencia. No creemos en la ciencia como impulso de renovación y crecimiento para el país. Nos falta paciencia para esperar los frutos de la ciencia. Nos quedamos en la curiosidad de la novedad científica del momento, sin pensar en todo el trabajo, tiempo y dinero invertidos para esos logros. A los científicos que destacan casi los vemos como pequeños héroes.
Síntoma de lo que digo, es que la inversión privada y altruista en ciencia escasea en nuestra sociedad. Las fortunas del país contribuyen con la cultura, el deporte y campañas humanitarias en mucha mayor medida que en la financiación científica. Como mucho se comprometen con algún acto de divulgación científica que siempre resulta más visible que una inversión en un proyecto científico.
En el mundo anglosajón creo que es más fuerte el impulso de la ciencia desde el ámbito privado.
Espero que nuestro estudio en el futuro sea una buena noticia. Pero de momento, la gran noticia es que la Asociación Cofradía de la Concepción financia los costes desinteresadamente, cumpliendo su misión de dar a Burgos un servicio socio-sanitario.

    • Si tuvieras que vivir en otro país, ¿cuál sería y por qué?

He de reconocer que la calidad de vida en España no la he visto en muchos otros sitios. La cultura, la gastronomía, el clima, y el carácter de su gente contribuyen notoriamente a ello. Pero también el nivel de madurez social que ha alcanzado: la sanidad pública que ya hemos alabado y otros muchos servicios, la seguridad ciudadana, las garantías jurídicas…
Si tuviera que salir de España, los países de la comunidad económica europea se acercarían a reunir algunos de los valores que he destacado de nuestra nación.
En un mundo global, tal vez tienes que tener una gran necesidad para desplazar fuera tu vida. Si tuviera que salir, sería motivado por desarrollar la oncología al máximo nivel, y escogería vivir en Estados Unidos que es el auténtico país líder mundial en oncología. Eso sí, siempre que mi familia estuviera conforme y, a poder ser, en una ciudad con cierto corte europeo.

    • ¿Cómo es un día laboral en tu vida?

Trato de ajustar muchos los horarios para intentar sacar el mayor rendimiento al día.
Me levanto a las 6:40 h, ducha y desayuno.
Dejo a los niños en el cole a las 8:00 h y entro al hospital.
De 8:00 h a 8:30 h hago informes médicos.
De 8:30 h a 11:00 h hago consulta de Consejo Genético en Cáncer Hereditario (martes y viernes, la consulta de Consejo Genético es hasta las 15:00 h).
De 11:00 h a 15:00 h, consulta de Oncología Médica.
De 15:00 h a 16:00 h, estudio/investigación clínica. Dentro del horario laboral no tenemos espacios para esta labor, así que para estudiar e investigar hay que sacar tiempo a horas un poco intempestivas.
16:15 h, comida.
Un día a la semana realizo por la tarde consulta de Oncología Médica, completo informes médicos pendientes, estudio/investigación clínica.
El resto de tardes, estoy pendiente de actividades extra-escolares de los niños, de realizar algún recado o gestión.
A las 21:30 h, cena en familia. Después, si no entra mucho sueño, un poco de sofá viendo la tele y hablando con mi mujer, y luego a dormir.
Un día a la semana, más o menos, que puede caer en festivo, estoy de guardia.

    • ¿Qué espacio de tiempo dedicas a tu ocio? ¿Qué aficiones cultivas al margen de la medicina?

Durante el fin de semana busco momentos lúdicos. Me gusta practicar todo tipo de deportes, aunque recurro sobre todo al running porque no requiere muchos preparativos. El sábado y el domingo por la mañana me gusta levantarme temprano y salir a correr, si puede ser por el campo, o por el parque. Todo está en calma y se respira paz. Después de correr me siento bien. En alguna ocasión procuro correr alguna carrera popular.
Disfruto viendo los partidos de baloncesto de mis hijos los sábados por la mañana. La plasticidad y la fuerza con la que juegan los partidos son asombrosos, y los progresos técnicos también se notan.
El sábado por la tarde juego a futbito con el equipo de padres del colegio.
Dar algún paseo por el centro con la familia y tomar alguna tapa es una forma estupenda de pasar una mañana.
Durante las vacaciones, procuro leer todo lo que pueda, si es en inglés mejor, para seguir mejorando el idioma.

    • Un paisaje que ha queda grabado en tu memoria es…

La imagen de los montes de mi pueblo, en el Valle de Carranza (Vizcaya), con sus bosques y praderas, sus riachuelos, alguna ladera escarpada, o macizos de roca caliza dibujando un paisaje Kárstico, casas montañesas salpicadas, animales… Es una fotografía muy bonita, que muda con las estaciones del año, lo que aumenta su atractivo. Me evoca recuerdos de grandes momentos recorriendo y disfrutando de sus rincones.

    • ¿Nos recomiendas un libro y una película?

Un libro: “A orillas del río Piedra me senté y lloré”, de Paulo Coelho. Una bonita historia de amor, también de búsqueda personal, de valores y dones humanos, enmarcada en la naturaleza del Pirineo, y narrada con ternura.
Una película: “Despertares” (“Awakenings”), de Penny Marshall. Una conmovedora película, basada en una autobiografía, sobre los éxitos y fracasos médicos, sobre la superación y búsqueda de lo positivo, sobre la relación médico-paciente… ¡Sublime!

6 thoughts on “Entrevista a ENRIQUE LASTRA. Oncólogo del HUBU.

  1. Me ha parecido una entrevista realmente interesante. Nos permite conocer un poco más y de la mano de un profesional un tema tan delicado como es el cáncer.

  2. Comparto lo que comenta el Dr. Lastra en que es necesario invertir más en investigación, facilitando a los investigadores financiación económica y recursos técnicos para que puedan demostrar todo el potencial y pasión por su trabajo.

  3. Gracias a donaciones altruistas, muchos investigadores pueden desarrollar su trabajo y demostrar su talento, algo que hoy en día y que por desgracia en algunos sectores profesiones sin dinero es muy difícil conseguir.

  4. Felicitarle Dr. Lastra por su trabajo y dedicación y espero pueda conseguir todos los objetivos que tiene fijados y acierte en más de una “diana”.

  5. Muchas felicidades Enrique !!. Doy fe de todo lo expresado en la entrevista , es una gran persona tanto en lo personal como en lo profesional . Ha sido un placer trabajar a tu lado durante muchos años y ver cómo te vuelcas en tu trabajo y en cada paciente .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *