Director del Departamento de Bioquímica, Biología Molecular y Celular de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza. Colabora activamente con afectados y familiares de Enfermedades Mitocondriales realizando diagnósticos genéticos  con su equipo de investigación.

    • ¿Alguna persona influyó en tu decisión de estudiar Farmacia (familiares,amigos,profesores…)?

No, realmente nadie influyó aunque tengo que decir que mi madre era farmacéutica. Es más, en un principio empecé a estudiar Matemáticas (Ciencias Exactas como se llamaba entonces). Yo fui uno de esos que tuvieron en el colegio un profesor de Química que no era muy bueno y nos hacía aprender una química de memorieta. Por el contrario, el profesor de Matemáticas era extraordinario y enseñaba muy bien. Esto hizo que, ante las dudas que uno siempre tiene de qué estudiar en la Universidad, me dirigiera hacia las matemáticas. Hice aquí, en la Universidad de Zaragoza, un primer curso que, en esa época, era selectivo y común a muchas carreras. Posteriormente pasé a segundo. No me fue muy bien en Junio y, cuando estaba preparando los exámenes para septiembre, me di cuenta que las matemáticas no eran para mí y decidí dejar la carrera.

En ese momento también decidí que me debía de orientar hacia carreras relacionadas con la salud y pensé en Medicina, Farmacia y Veterinaria. Esta última la descarté enseguida porque nunca había sido muy propenso a los animales y, además, pensaba que para estudiar veterinaria mejor sería hacer Medicina. Aquí también me encontré con otro dilema y, finalmente, me decidí por farmacia ya que era un poco escrupuloso con la enfermedad, aunque mi padre era médico.

Como podéis ver, me equivoqué en un principio pero corregí a tiempo. No hay que tener ningún miedo a equivocarse, todos podemos hacerlo. Lo importante es darte cuenta de lo que te gusta y de lo que crees que te vas a sentir mas a gusto al desarrollar la profesión. Desde el principio no pensé en poner una farmacia, a pesar de que había una en la familia, sino que vi que me gustaba la investigación y así planteé mis estudios.

Para estudiar Farmacia, me trasladé a Madrid y ya el primer año, fui a hablar con el profesor de Bioquímica, asignatura que no vería hasta dos años mas tarde, y le comuniqué mis intenciones de dedicarme a la misma. Él, muy sabiamente, me dijo: “Primero estudie y luego ya hablaremos”.

Nunca me ha arrepentido de mi decisión y del tiempo que perdí al cambiar de carrera. Farmacia me entusiamó y encontré un ambiente de compañeros magnífico que hizo que me sintiese muy a gusto.

    • ¿Por qué, dentro del amplio campo de la investigación te centraste en las enfermedades mitocondriales?

Esto es también una historia larga pero interesante. El tema para mi tesis doctoral fue ya con mitocondrias. Acababa de descubrirse que estos orgánulos tenían un genoma propio, pero trabajé con un hongo, “Arpergillus nidulans”. Cuando terminé mi doctorado me fui becado a Estados Unidos, al California Institute of Technology, con el Dr. Giuseppe Attardi. Este profesor estaba estudiando el sistema genético mitocondrial humano y tuve la suerte de que me aceptase en su grupo. Me puso a trabajar en lo que podíamos llamar el “Proyecto genoma mitocondrial humano”, casi 20 años antes de que se empezase con el Proyecto Genoma Humano que dió lugar a la secuenciación completa del DNA de un individuo.

En aquel momento mis investigaciones estaban muy dirigidas al conocimiento y descripción del genoma mitocondrial. Entre dos grupos publicamos todo lo mas básico del sistema genético mitocondrial humano: secuenciación del DNA, mapa de transcripción, modelo de procesamiento de los RNAs y regulación de la transcripción. Cuando regresé a España seguí con estudios de la transcripción del DNA mitocondrial.

En 1988 se describieron las primeras mutaciones en este genoma asociadas a enfermedades y, así, decidí poner a parte de mi grupo a poner a punto las técnicas de búsqueda de mutaciones en pacientes, ya que éramos expertos en este sistema genético y, en ese tiempo, no había nadie más en España que las estudiase. Tengo que admitir que, en un primer momento, los pacientes nos interesaban mucho por si las mutaciones nos podrían dar alguna pista sobre la regulación de la transcripción pero, poco después, mi interés se centró exclusivamente en las enfermedades y los pacientes.

De acuerdo con lo que he contado y mi relación con el genoma mitocondrial, el centrarme en el estudio de las enfermedades mitocondriales era lo mas fácil para mí y lo que me producía más interés. Ahora puedo decir que el trabajo es apasionante por la dificultad que entrañan unas enfermedades que pueden estar producidas por mutaciones en ambos genomas celulares. El reto es grande.

    • ¿Antes de saber que querías investigar las enfermedades raras ¿conociste a alguna persona con esa discapacidad?

No, creo que nunca anteriormente había conocido a ninguna persona con una enfermedad rara. Hay que decir que, hasta hace muy poco tiempo, las familias escondían o, al menos, no hacían muy público el tener un miembro de la misma con este tipo de enfermedades. Por fortuna, esto ha cambiado mucho y ya nadie esconde o se avergüenza de tener un hijo con una enfermedad rara. El avance en la medicina, los cambios sociales y el darse cuenta de que nadie es culpable por tener un hijo con una enfermedad rara, ha hecho que aparezcan asociaciones, fundaciones, etc., dedicadas a dar visibilidad a los pacientes y a tratar de apoyar que se investigue sobre las mismas.

En mi caso en particular, puedo decir, sin lugar a dudas, que el haber conocido a los pacientes, niños y adultos, con patología mitocondrial, a través de la AEPMI y de la Fundación Ana Carolina Díez Mahou, ha influido muchísimo en mi interés por el estudio de estas enfermedades. No hay mejor manera de interesarse que conociendo en persona a los pacientes y a sus familiares. Como he mencionado anteriormente, yo no soy médico y, por tanto, no veo a los pacientes en consulta. Los análisis que realizamos se hacen en muestras de los mismos y, salvo yo, que conozco los nombres, los pacientes son números para proteger su identidad. Las reuniones de la AEPMI en Madrid y los Encuentros en el CREER de Burgos, sobre todo estos últimos en los que pasamos cinco días conviviendo,han hecho que los pueda conocer personalmente y que me interese mucho más tratar de encontrar la causa de lo que veo. Además, el haber conocido a los padres y hermanos, y alguna veces hasta abuelos,me ha puesto delante de los ojos la importancia de la relación personal con todos los afectados (los familiares, aunque no enfermos, también están afectados muy directamente). Estas reuniones son fantásticas y creo que me han cambiado un poco la vida.

    • ¿Cómo fue tu experiencia en la universidad?

Pues la verdad es que no me puedo quejar en nada. Mi vida como estudiante fue extraordinaria, los compañeros y amigos que hice nunca los olvidaré. El periodo de tesis doctoral es de lo mejor, aprendes y trabajas mucho, no tienes exámenes hasta la lectura de la tesis, y también te lo pasas muy bien, sobre todo si tienes la suerte de caer en un sitio como en el que estuve yo. Mi estancia postdoctoral en USA fue, posiblemente, lo mejor de mi vida profesional y, la experiencia, única. Después ya vinieron las oposiciones, las clases, la lucha por conseguir dinero para trabajar, los becarios, los alumnos, etc, todo más monótono, como sucede en la vida, pero, de verdad, fantástico.Yo siempre digo que tengo uno de los mejores trabajos que se pueden tener. Me ha permitido aprender mucho, conocer a gente y tener amigos en todo el mundo, viajar muchísimo y, lo más importante, estar siempre entre gente joven.

    • ¿Te interesa algún otro campo? Preguntamos por tus aficiones, por aquello que te permite disfrutar, descansar, desconectar o te inspira.

Lo mejor y que más me apasiona es viajar, conocer lugares nuevos, tratar de comunicarme con la gente nativa, etc. Como acabo de decir, mi trabajo me ha permitido viajar mucho pero ya venía haciéndolo antes de todo esto. Recuerdo mis década de los 20 viajando por Europa de camping, autostop, durmiendo en albergues juveniles, con poco dinero y la mochila llena de chorizos y cosas de casa, comprando pan, leche y queso en los supermercados y, alguna que otra vez, comiendo al algún sitio decente. Ahora sigo haciéndolo, casi siempre solo y disfrutando de lo que veo, de la gente con la que me encuentro, etc., pero, claro, en hoteles y comiendo mucho mejor.

También me gusta mucho la música en casa, fuerte, pero sin molestar a los vecinos, el cine y estar con niños, hijos de sobrinos y amigos.

    • ¿Roba el trabajo mucho tiempo de tu ocio?

Bueno, yo he dedicado mi vida al trabajo y casi considero que mi ocio se llena con algo de trabajo. Suena mal, pero hay mucho de esto. Como vivo solo, no molesto a nadie.

    • ¿Qué le dirías a alguien para que aumentase la financiación de tu proyecto?

En este momento, que conociera a los niños enfermos que conozco yo. En general, que el conocimento básico de los procesos celulares es importantísimo y que, a la larga, siempre tiene aplicación. Hay mucha gente que piensa que para qué gastar el dinero investigando con una rana, una mosca, un gusano o lo que sea, no se dan cuenta de que en estos animales se pueden encontrar cosas que no podemos hacer en humanos porque no se permite la investigación directa con ellos. El encontrar, por ejemplo, genes en una mosca que realizan una función determinada, ha permitido encontrar los genes homólogos en humanos y ver sus implicaciones en las enfermedades. Toda investigación buena y bien hecha, con el organismo que sea, puede permitir que, posteriormente, alguien más inteligente que uno mismo o que tiene la oportunidad de trabajar en cosas más avanzadas, pueda por camparación deducir la función o aplicación de cada descripción encontrada.

    • ¿Cómo crees que tu trabajo puede beneficiar a la sociedad?

En mi caso creo que es bastante obvio. Permite conocer la causa de una enfermedad y, a lo mejor, algún día, otro puede encontrar un procedimiento para curarla.

    • ¿ Tienes un lugar especial donde te olvides de lo que te preocupa?

En los viajes. La foto que me habéis pedido de un lugar que me guste, y que os he adjuntado, representa uno de estos lugares donde te puedes olvidar de todo. El único problema hoy en día es que puedes ver los emails en todos los sitios y siempre estás en contacto con la realidad del trabajo, pero se dejan para la noche, antes de salir a cenar, y se toman con filosofía.

    • ¿Qué consejos darías a la gente de cara a la elección de su futuro profesional?

Un poco difícil de responder dadas las circunstancias actuales. Si suponemos que uno sabe, más o menos, lo que quiere hacer, creo que se puede decir que hagas lo que hagas, seguro que te va a gustar si te implicas de verdad. No hay que tener miedo a equivocarse, siempre se puede cambiar. Buscad los sitios donde se hace lo que tú quieres hacer e ir allí por muy lejos que esté. Como decía mi padre: “no hay que ir andando».

Muchas veces estudiamos alguna carrera y luego encontramos trabajo para algo muy distinto a aquello para lo que nos hemos preparado. Pues, muy bien, no hay problema, los estudios, además de para aprender, sirven para abrirnos la cabeza y tenerla preparada para lo más diverso. En la Universidad donde yo estaba en California, había un profesor, Roger W. Sperry, que era liceciado en literatura inglesa y luego consiguió el premio Nobel en Medicina por sus descubrimientos sobre la especialización de los hemisferios cerebrales.

Julio Montoya

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